sábado, 26 de septiembre de 2009

SIEMBRA, BUEN AMIGO, SIEMBRA

Varios amigos y amigas me han preguntado que por qué razón no he publicado por aquí el laureado poema  SIEMBRA, BUEN AMIGO, SIEMBRA; le diré que sí, está publicado aquí, sucedió que, dicho  poema, fue la primera entrada de este blog. No obstante, a fin de complacer a los peticionarios, lo publicaremos en una nueva entrada.

Obra acuarelada de Winslow Homer, 1870.
© 1993-2003 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

SIEMBRA, BUEN AMIGO, SIEMBRA

«Instruye al niño en su camino y aun
cuando fuere viejo no se apartará de él»
Proverbios; 22, 6: V.T. Santa Biblia.

Preocúpate por sembrar,
estudioso y sabio amigo;
pues, tierras baldías hay de más,
utiliza como fructíferas semillas
tu sabiduría y tu esfuerzo,
como agua y fertilizante
tu aporte para con la humanidad,
y como terrenos los cerebros
de aquellos seres marginados
a los cuales la injusta y desigual
estratificación de nuestra
tan infrahumana sociedad
no le ha permitido liberarse
de los grilletes de la ignorancia.

Ara con tus manos esas tierras,
haz que germinen en sus entrañas
las semillas de tus mejores ideas;
riégala con la insistente persistencia
de tu indomable espíritu de Quijote
hasta hacer que en ella florezca
la luz de una más cierta esperanza.

Siembra, buen amigo,siembra,
con la fe, la ilusión y el deseo
de que las cuestiones humanas
comiencen a ser bien hechas.


Siembra, buen amigo, siembra,
sin detenerte a pensar jamás
en quién recogerá en el mañana
los frutos de la cosecha.


NOTA: Este poema obtuvo el diploma y la medalla de honor
en el concurso internacional de poesía Confraternidad
Poética Hispanoamericana II, celebrado en B.B., Bs. As.,
Argentina en el año 2000. Está publicado en la antología
Senderos Poéticos Hispanoamericanos de Publicaciones Altair.

Autor: Rodolfo de jesús Cuevas ©.

jueves, 24 de septiembre de 2009

LEY DE LEYES (?)


En cuanto a la tan llevada, traída y amañada Reforma Constitucional, que aún cursa en el Congreso de la República se refiere, es penoso comprobar la certeza de que la leyes que rigen a cualquier segmento de la humanidad, son impuestas, a conveniencia,  por la herrumbosa hez de su respectiva sociedad; algo así como que  «la historia la escriben los vencedores». analícelo, pues, y verá.
Rodolfo Cuevas.


domingo, 20 de septiembre de 2009

LLUVIA DEBAJO DEL SOL

Dedicado a todos aquellos amigos que penetran a esta página en busca de un aliento poético.

Es portentoso ver llover
debajo del fulgente Sol;
es simplemente irrepetible
la experiencia de sentir como
penetra en nuestra epidermis
la frialdad de una diminuta
gota proveniente de la Lluvia,
más aún, al mezclarse con la siempre
iridiscente calidez del Astro Rey.
La sacra conjunción del Sol
y de la Lluvia, al caer sobre la feraz
superficie de la Tierra, se asemeja,
más bien, al tierno beso de una madre que,
con su consecuente descarga de cariño
al posarse sobre la tierna carita
de aquél ángel que es su niño,
sana de todo posible dolor...
¡Además de resultar ser exultante,
impresionante y hasta conmovedor,
es sencillamente grato y vivificante
el privilegio de ver llover debajo del Sol!

Autor: Rodolfo Cuevas: 10/10/2008.
Todos los derechos reservados, Ley 65-00 ©


viernes, 18 de septiembre de 2009

FRENTE A LOS PRIMEROS BALBUCEOS DE UN PINTOR


Este joven que ven aquí es Kevin Jaxier Cuevas Diaz (mi sobrinito), quien, al ver algunos de mis cuadros figurar en esta página, me solicitó que publicara algunos de los suyos; ya que, él también, sueña con lllegar a ser un gran pintor. Así que optamos por complacerlo.

Éste que vemos aquí abajo se títula: Día de campo;



Y éste otro se títula: El pajaro azul


En hora buena Kevin, que el Señor guie tus pasos y te ilumine por siempre.
Rodolfo Cuevas: 18/09/2009


domingo, 13 de septiembre de 2009

PRETENDIENDO EXPLICAR UNO DE MIS CUADROS


El presente artículo es motivado por el pedimento o comentario que leeremos a continuación, espero que sea de su agrado; yo, por mi parte, le juro que gocé escribiéndolo; pues, el escribir —junto al pintar, dibujar y leer— es lo que más me fascina hacer en la vida. Si le gusta, pues góceselo al igual que lo hice yo; y sino, pues entonces, déjelo seguir su camino, bajo la premisa aquella que reza agua que no beba penas y tristeza déjala correr...

El pedimento o comentario de Carolina Moreta:
Antes que nada, mil gracias por todos sus mensajes, que siempre son productivos para mí. Con respecto a esta pintura de Juan Luis Guerra, quisiera comentar que siempre me ha gustado mucho este cuadro y siempre llamó mi atención, desde las veces que iba allá a la casa hasta siempre que lo imaginaba en mi mente; me encanta la gama de colores que tiene y como se armonizan unos con otros, aparte de todos los detalles (símbolos y sombras) que sé que cada uno representa una idea; esto desde su punto de vista, claro está, y a la vez desde el mío; lógico, siempre de acuerdo a la representación que se le dé a este personaje. En verdad me parece excepcional (imparcialmente hablando); gracias, reitero, por enviarme la foto. Me gustaría preguntarle (si no es una indiscreción, de mi parte claro está), ¿cómo me explicaría usted este cuadro desde su punto de vista? Siempre quise saber eso (bueno, de hecho, sobre todos sus cuadros me pregunto siempre lo mismo, porque yo le doy mi significado, pero me fascinaría oír o saber  también el de su punto de vista, dado el caso de que usted es el "autor"—literalmente hablando— intelectual de esta obra de arte...)
De antemano, muchas gracias. Y quiero que sepa que  ¡¡¡¡¡¡¡¡LO QUIERO MUCHISISISISISISISIMO!!!!!!!!

Muy estimada Carola:
Tengo para decirte que, este cuadro que tanto te gusta y que con tanta pasión comenta, surgió de un cuadro anterior a él, titulado: Desde Cristóbal Colón hasta Juan Luis Guerra; simbiosis de expresión y sentimiento de una nueva cultura. Tal obra estaba o mejor dicho está dedicada a la evolución en América de la música y el idioma, desde el descubrimiento hasta nuestros días; con ella participé en la primera convocatoria del concurso pictórico Premio María Ugarte (1993), auspiciado por el Instituto Dominicano de Cultura Hispánica (Centro Cultural Español) y obtuve allí una distinción.
En el extremo inferior derecho del ya referido cuadro se puede ver esbozada la obra a la cual te refieres: Juan Luis Guerra, visto desde mi óptica. En cuanto a ésta, vemos que, en ella, se destaca el rostro del artista y sus símbolos característicos, tales como: sombrero, gafas y barbas; que, si no fijamos bien, no son más que una nota musical que a la vez forma sus ojos y su faz y una serpiente —vista aquí como un signo ecológico y no de paradisiaca maldad— forma las alas del sombrero. Luego vemos una flecha a modo de nariz y unos bien configurados labios rodeados de ralas espirales que simbolizan sus barbas, cabellos y bigotes. Todo lo antes descrito se ve rodeado por algunos signogramas taínos auténticos y otros de mi propia inspiración. Entre éstos se destacan: peces —por aquello de quisiera ser un pez—; cayenas o rosas —por lo de te regalo una rosa, me la encontré en el camino, no sé si está desnuda o tiene un solo vestido—; vemos también: perro mudo, un lagarto cazando mariposa, murciélago y búho, caracoles, pájaros y serpientes, cometas que son a la vez espermatozoides, graffiti y por último un búho-gato que parece emerger de la cabeza del artista, con él pretendo simbolizar la gran capacidad creativa que posee nuestro Juan Luis Guerra.
Mas, así, tal y como tú dices, resulta ser: una pintura tiene tanto creadores como espectadores la observen; yo simplemente —y a pedimento tuyo— expongo aquí el punto de vista del autor. En cuanto a la gama de colores, símbolos y signogramas de animales que posee se refiere, por medio de éstos pretendo (en ésta como en todas mis demás pinturas) plasmar un mensaje en pro de la conservación del medio ambiente y de las especies que lo habitan, es decir, constituye un llamado ecológico. Pero no puedo darme el lujo de despedirme sin antes narrarte lo que me contestó a mí un pintor al cual yo, cuando era apenas un aprendiz, le pedí lo mismo —que me explicara una de sus pinturas—: Los cuadros no se explican, se sienten, me espetó aquel genio, pero yo, contrario a él, aquí es tratado de cumplir con tal cometido.
Muy querida y apreciada Carola, espero haber dejado completamente satisfecha tu artística inquietud y aprovecho la ocasión para confesarte que yo, también, te quiero mucho, mucho, mucho, bye...
Rodolfo Cuevas: 12/09/2009

viernes, 11 de septiembre de 2009

EL PODEROSO GERMEN DE LA IGNORANCIA

Todos sabemos que el Imperio Romano de Occidente fue conquistado por los bárbaros y, partiendo de tal ejemplo, debemos aceptar que es cierto aquello de que el germen de la ignorancia tiene el poder de carcomer hasta los cimientos de los pueblos y civilizaciones más avanzadas; por parecida razón se escuchó a Federico Henríquez y Carvajal sostener en su oración fúnebre ante los restos de Eugenio María de Hostos: ¡Oh América infeliz, que sólo reconoces quienes son tus grandes hombres, cuando ya sólo son tus grandes muertos! Mas, aquí en Dominicana, ni siquiera tal sentencia se cumple a cabalidad; pues, nuestro pueblo, al parecer, ignoró o pasó por alto que el general Gregorio Luperón —quien fue, para la salud y bienestar de la Patria, tan grande y necesario como lo fue Juan Pablo Duarte y Diez— nació el 8 de septiembre de 1839 y se cumplieron, días atrás, 170 años de tan memorable fecha (que debería ser patria, pero no lo es) y —al parecer reitero— autoridades y ciudadanos nacionales simplemente ignoraron tal efeméride; pues, su majestad patriótica no se debe jamás cicunscribir a un pequeño acto de provincia.
¿Será qué ellos no saben que Duarte y los Trinitarios proclamaron la Independencia Nacional (27 de febrero de 1844) y qué Luperón y los Restauradores (después de nuestra  Patria ser anexionada en 1861 a España por el antinacional de Pedro Santana) les restauraron sus fueros nacionales luego de una cruenta y larga guerra que se extendió de 1863 a 1865?
Y si pudo inconsulto caudillo / de esas glorias el brillo empañar / de la guerra se vio en Capotillo / la bandera de fuego ondear. / Y el incendio que atónito deja / de Castilla al soberbio león / de las playas gloriosas se aleja / donde flota el cruzado pendón.
Eso dice el Himno Nacional en las estrofas séptima y octava, las cuales en realidad compendian allí la gesta restauradora; en tanto que yo, desde esta humildísima tribuna, digo, parangonando a Jesucristo: ¡Oh, Dios mío, perdónalos, que es qué no saben lo que hacen!

Autor: Rodolfo Cuevas: 11/09/2009

domingo, 6 de septiembre de 2009

ACUARELA, POESÍA Y ESPIRITUALIDAD


 
Lago rodeado de pinos (c. 1495-1497) de Alberto Durero
© 1993-2003 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.


En días pasados se acercó a mí mi amigo Daniel Rosado, un predicador protestante que se preparaba para dar esa noche una conferencia sobre la importancia de la espiritualidad y —como para darle color y sazón a su oratoria—  pretendía abordarla desde los regios confines de la acuarela; movido por tal propósito fue que se me acercó auscultándome en mi condición de artista plástico (pintor) y, en su conversación, me reveló que anhelaba hacer, algo así como, un paralelismo entre acuarela y espiritualidad. Debo admitir que, por la escogencia de tal tema, me sorprendió, en tal virtud no me quedó más que reconocerle su gran aserto; ya que, desde mi punto de vista, de las técnicas pictóricas existentes, la de la acuarela es la más poética y, por tanto, la más espiritual de todas.
El predicador se sintió muy conforme con tal aseveración y me indicó que fundamentaría su conferencia nocturna en torno a acuarela, poesía y espiritualidad. Acto seguido, me preguntó que de qué manera podría yo definir la acuarela. Yo le indiqué que, a mi buen parecer, así como el dibujo es el primordial esqueleto de la pintura, la acuarela se podría definir como la antesala de la pintura, ya que, todos los pintores esbozan en aguadas acuareladas sus obras antes de proceder a ejecutarlas y, más aún, muchos de ellos pintan en hermosas acuarelas estudios previos, de las que serán sus futuras obras, a fin de saber como lucirán éstas luego de ser ejecutadas.
A propósito, de acuarela, poesía y espiritualidad,  le indiqué a mi amigo Daniel que la técnica de la acuarela es, para la pintura y los pintores, la espiritual esencia que resulta ser la poesía para la literatura y los literatos; pues los pintores, cuando abordan otras técnicas pictóricas más cargadas —como óleo, acrílica, temple, fresco, collage, técnicas mixtas, etc.— creen estar haciendo prosa; así de delgado resulta ser, señores, el margen existente entre acuarela, poesía y espiritualidad y, por ende, entre pintura, creación y literatura.
«Acuarela del río que pinta la historia de un lindo romance...» enuncia una vieja y hermosa canción y, ciertamente, la de la acuarela es la técnica pictórica que más se presta para ejecutar un bello paisaje sobre la texturizada superficie del papel. Es indudable que, así como la fortaleza del espíritu emerge de la nada, del mismo modo de la blanca superficie de un papel surge la más bella de todas las acuarelas.
Después de aquella enriquecedora conversación con mi amigo Daniel Rosado, más que convencido me quedé de que todos los humanos poseemos un espíritu capaz, laborioso y creativo, labrado —tal y como se enuncia en el Génesis— a imagen y semejanza de su espiritual Creador.
Autor: Rodolfo Cuevas /06/09/2009
Derechos reservados, protegidos por la ley 65-00

viernes, 4 de septiembre de 2009

BREVE BIOGRAFÍA DEL AUTOR


Rodolfo de Jesús Cuevas Batista (Yuri Cuevas), poeta, ensayista, narrador y corrector de estilo, que también se dedica al cultivo de las artes plásticas. Nació en la ciudad de Santa Cruz de Barahona, República Dominicana. A muy temprana edad fue trasladado por sus padres hacia la ciudad de Santo Domingo, donde se graduó de abogado, recibiéndose con honores. Como especialidad estudió Criminalística en el Colegio de Abogados de la República Dominicana (CARD). Su carrera literaria se inició formalmente cuando —en 1985— ganó el premio nacional de poesía de los concursos literarios celebrados por La Fundación Caamaño. Más tarde —1987— obtuvo el premio de ensayos de los Concursos Literarios de Creatividad Popular celebrados por los colectivos barriales GRIPAC–CECAPO. En 1988 se alzó con el premio escolar de cuento celebrado en el Politécnico Nuestra Señora del Carmen, entre los estudiantes del tercer año del bachillerato. En 1994 ganó el premio de poesía AILA–SUAT auspiciado por la gobernación del AILA entre los miembros del Departamento de Supervisión a Tiempo (EQUIPO SUAT-AILA). En el 2000 obtuvo el premio internacional de poesía Confraternidad Poética Hispanoamericana II, Auspiciado por Publicaciones Altair de Bs. As. Argentina. En el 2007 ganó el tercer premio, de la categoría relato de deporte, del concurso internacional II Premio Eduardo de Narrativa Breve, organizado en San Juan, Puerto Rico, por la Federación Internacional de Maxibásquetbol y la editorial argentina Puente del Sur. También en el 2007, fue finalista del concurso internacional de microficción Francisco Garzón Céspedes, celebrado en Madrid, España por las asociaciones culturales Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral y Escénica (CIINOE) y Comunicación, Oralidad y Artes (COMOARTES). Su biografía está publicada en el Diccionario de Escritores y Poetas Latinoamericanos, editado por Publicaciones Altair en el 2004. Sus poemas se hallan antologados en la antología Senderos Poéticos Hispanoamericanos, también de Publicaciones Altair. En Tanto que, algunos de sus cuentos y relatos, se hallan publicado en la antología Las Valijas de Ulises, Relatos de viajes y deportes, de Editorial Umbrales, de Bs. As. Argentina; así como también en las ediciones físicas y digitales de la Colección Gaviota de Azogue, 63 Cuentos Hiperbreves y en Poética Digital, Revista de poesía en la red.
Como escritor ha publicado: El joven y el Shamán, encuentro de generaciones.

jueves, 3 de septiembre de 2009

POR LA ADECUADA REFORMA DE ESOS CÓDIGOS

«La ley es para los que están sin ley»


En mi país —la República Dominicana—, al igual que en otros países hispanos (ver artículo Inimputable (viernes 17 de julio del 2009) del blog opina y debate) se argumenta mediáticamente sobre la conveniencia social  de respectivas reformas a los códigos Procesal Penal y Del Menor. En el primero de ellos, según alegan los juristas más versados, se otorgan ventajas demasiados notorias o evidentes a los antisociales y en el segundo: se disminuyen, casi a cero, las penas aplicables y, más aún, éste declara inimputables a algunos menores de edad que, en realidad, son verdaderos delincuentes comunes, utilizados para el sicariato por las gangas, pandillas y carteles más famosos de éste y otros países del orbe.
Veamos tan sólo algunas de las razones que hacen, más que justas, necesarias el pedimento de tales reformas: la Reincidencia delictual, por ejemplo, no se haya contemplada en el Nuevo código procesal penal (Ley No. 76-02); y la alegre concesión de fianzas económicas a delincuentes comunes con prontuarios peligrosos —como los de narcotráfico, secuestro, robo a manos armadas, asesinatos, porte y tenencia ilegal de armas, etc.—, que es otra de esas innegables ventajas, sin duda que tornan a la Justicia en algo así como un enorme mercado judicial; también debería estudiarse con sumo detenimiento la flojedad de las medidas de coerción físicas aplicables a tales casos.
En cuanto a los menores delincuentes se refiere, el denominado Código del menor (Ley No. 136-03), no sólo le dota de una jurisdicción especial —la de niños, niñas y adolescentes—, con centros de detenciones especiales, sino que también le concede penas altamente especiales, el artículo 340, de dicho código, nos señaliza tales penas, veámosla:
«a) De uno (1) a tres (3) para las personas adolescentes entre trece (13) y quince (15) años de edad, cumplidos, al momento de la comisión del acto infraccional; y
»b) de uno (1) a cinco (5) años para las personas adolescentes entre dieciséis (16) y Dieciocho (18) años de edad, cumplidos, al momento de la comisión del acto infraccional.» Como podemos colegir de tales acápites, los menores de doce (12) años abajo son para, tal ley, inimputables, es decir, no tienen responsabilidad penal.
Es muy importante destacar aquí que las penas arriba indicadas se aplican sin importar que el menor de marras haya matado al Papa, al Rey, al Presidente o a un senador de la República y dependen, lógicamente, del humor mercadológico que, tal día, posea el juez al cual corresponda aplicarlas...
Es cierto aquello de que los niños son el futuro, pero también, no es menos cierto que ese futuro debe ser bien dirigido y adecuadamente supervisado, tanto por las autoridades, como por los padres, profesores, parientes y vecinos de éstos; se dice que la ley es para los que están sin ley, de aquí se deduce claramente que ningún niño que jamás haya delinquido va a ir a parar ante la barra de un estrado judicial y, en consecuencia, es importante saber que, otrora, los jueces —que se supone son personas muy estudiadas y, por ende, con un alto sentido humano— poseían la facultad (íntima convicción le llamaban) de determinar si un menor había actuado con o sin discernimiento; hoy vemos que tal potestad —al igual que muchas otras— le ha sido castrada por las leyes.
Según anuncian las autoridades dominicanas, ya los proyectos de reformas (para ambos códigos) se encuentran en el Congreso Nacional de la República, así que esperamos que dichos ya denunciados entuertos se corrijan lo más pronto posible y también que, los señores legisladores nacionales, quienes por ley son los primeros ciudadanos del país en que habitamos, sigan  correctamente el espíritu inspirador de nuestro Juan Pablo Duarte, cuando en una de sus múltiples enseñanzas nos decía: Sed justos, lo primero, si queréis ser felices. Ese es el primer deber del hombre; y sed unidos, así apagaréis la tea de la discordia y venceréis a vuestros enemigos, y la patria será libre y salva. Yo obtendré la mayor recompensa, la única a que aspiro, al veros libres, felices, independientes y tranquilos. No nos dejemos imponer ya más leyes traída por los cabellos, legislemos, que, aquí, sí que tenemos madera suficiente para ello.

Autor: Rodolfo Cuevas