ADVERTENCIA: Este blog posee un alto sentido social, político, cultural y, a veces, hasta ecológico; lo aquí escrito —a no ser que se indique— es de mi autoría y está protegido por leyes nacionales y universales que amparan los derechos de autor; si precisa de una colaboración, solicítamela. Hago saber que las imágenes aquí expuestas son tomadas de la red, de existir algún reclamo diríjalo al mail: rodyuricuevas@gmail.com y lo corregiremos. Nuestro enlace es: http://rodyuricuevas.blogspot.com/
Estimados amigos, mi nación ha sido gobernada por
presidentes con motes de gallos (bolo, coludo y colorado), de buey, de gato, de
chivo y actualmente lo gobierna dizque un león, ¿cuál será el mote que adorna
al animal político que preside tu país?
BAJO EL IMPERIO DE LOS GATOS
Dedicado a todos aquellos políticos que, con sumo
orgullo, exhiben sus motes de animales.
Aquel siempre activo pensador (a sabiendas de que el
hombre es un animal político, aunque así no lo quiera admitir) rememoró el
prístino refrán que postula que “en el país de los ciegos el tuerto —un ser,
por mera condición física, más vivo, más astuto, más sagaz— es el rey”;
entonces y por muy simple razonamiento analógico, coligió que en todas aquellas
naciones gobernadas por ratas, chivos, leones, caballos, tigres, gallos,
gallinas, águilas u otras aves rapaces, bovinos, equinos u otros animales
irracionales, los gatos —y que nos perdonen ellos—, por ser el símbolo animal
con que universalmente se identifica a ladrones de Estados, a politiqueros
corruptos y demás venales prevaricadores, han de ser los reyes o, quizás mejor,
los emperadores. Por ende, todos los que habitamos en países regidos por dichos
especímenes, vivimos bajo el imperio de los gatos.
Con cariño y admiración para dos madres ejemplares: Waris Dirie y Samia Shariff.
La ablación, mutilación o circuncisión femenina, es una práctica aberrante que consiste en extirpar el clítoris y los labios menores de las vaginas de niñas aún impúberes; ésta se realiza, sin precauciones sanitarias ni anestésicos, utilizando viejos cuchillos de cocinas, navajas o bisturís ya desechados, sucios pedazos de vidrio afilados e incluso hasta viejas hojas de afeitar o cortaúñas. Cuando la extirpación es total a tal operación se le llama infibulación y la herida que ésta produce se cose dejando una pequeña abertura del tamaño de un grano de guandul a fin de que sólo salga la orina y el flujo menstrual. Gran parte de las niñas, sometidas a tales prácticas, mueren desangradas in situ, otras mueren de tétanos y algunas más fallecen al crecer debido a la retención del líquido menstrual producido por la infibulación; y lo penoso es que, tales niñas, son sometidas a ese acto de barbarie, que se lleva a cabo por motivos culturales y religiosos, por sus propias familias, con la supuesta intención de purificarlas y alejar así de sus entornos los acuciantes demonios del deseo sexual. Tal es la denominada ablación física, la cual fue responsablemente denunciada por una de mis heroínas, Waris Dirie, en su libro autobiográfico Flor del Desierto (1997), el cual fue luego llevado al cine en el 2009.
Mas, desde mi óptica, también existe la ablación mental, que es aquella práctica de abuso sicológico (sin que deje de concurrir también el abuso físico), denunciada por otra de mis valientes heroínas, Samia Shariff, en su obra, también autobiográfica, El velo del miedo (2006). Sabemos que son muchos los abusos que a diarios se comenten en el mundo en contra de las mujeres y que estas valientes escritoras sólo nos han expuesto en sus libros los que fueron contra ellas cometidos.
Samia Shariff, después de denunciar, en su extensa y muy valiosa novela, los viles y numerosos abusos cometidos, primero contra ella y luego —además de continuar abusando de ella— contra sus hijas Norah y Mélissa; abusos éstos motivados también por meros asuntos religiosos y culturales; para colmos, llevado a cabo, por el solo hecho de ser mujeres, no tan sólo por su familia sino también por su pueblo, nos dice al final de su obra:
«Deseo que todas las mujeres oprimidas del mundo puedan un día sentirse liberadas y conocer la felicidad que hoy soy capaz de experimentar.
»Creo sinceramente que todas mis desdichas del pasado se están transformando, una a una, en alegrías. ¿Y si fuera ése el precio que había que pagar? Sí, he sufrido mucho, pero en la actualidad disfruto cada instante de paz que la vida me brinda. Soy una mujer libre, consciente y digna de ello.
»Antes creía tenerlo todo cuando en realidad no tenía nada; pero a fin de cuentas lo tengo todo, porque soy libre.
»He perdido todo cuanto poseía para obtener todo lo que nunca había tenido.
»Vivo una existencia apacible con mi familia en un humilde apartamento de un barrio desfavorecido al oeste de Montreal. No obstante, por nada del mundo volvería a mi palacio de Argelia...»
¡Ah las religiones y su gran fardo de abusos e ignominia en contra de la humanidad! No en vano dijo un gran pensador que, tales, son el opio de los pueblos.
Aprovecho este preciso instante para, desde aquí y en nombre de todas las mujeres de mi familia y de mi país, así como también de algunos de sus hombres de bien que saben valorar y respetar a la mujer, para dar las gracias a Waris Dirie y a Samia Shariff (a ésta última al junto de sus hijas y compañeras de martirologio Norah y Mélissa Shariff ) por su sufrida, pero inmensa valentía; gracias por atreverse a concebir estas dos obras que hoy resultan esenciales para poder cimentar la libertad de la mujer, que es, a resumidas cuentas, el reafirmar la propia autonomía democrática de la humanidad completa. Ciertamente, mujeres como ustedes me hacen sentir orgulloso de haber sido concebido y luego forjado por una mujer como mi madre: Grecia María Batista. Ojalá, amigos y amigas, que todos ustedes puedan tener la oportunidad de reflexionar, llorar, sufrir y hasta padecer o disfrutar, como lo hice yo, con sus obras autobiográficas Flor del Desierto y El velo del miedo.
Saludos, mi muy queridos amigos. En este mes de
agosto, que aún transcurre, mi weblog, o sea, La Página del Sembrador,
ha arribado ya a su primer aniversario, le juro que debatiéndome —por pequeños
inconvenientes, excesos de responsabilidades y, por ende, falta de tiempo—
entre cerrarlo y mantenerlo con vida... pero... nada... aquí estamos aún...
continuaremos creyendo, al igual que muchos de ustedes lo hacen, en que aún es
posible la utopía... En tal virtud, alzando muy en alto mi copa, digo: «¡A su
salud, queridos amigos y gracias por acompañarme día tras día en este luminoso
trayecto literario de creatividad y esperanza! Aquí, como un honroso tributo a
su compañía, le dejo este esperanzador poema en que pretendo unir la
experiencia y sabiduría de la vejez con la fortaleza y el arrojo de la
juventud. Gracias de corazón, amigos míos, gracias por brindarme su apoyo solidario,
su cariño sincero y su franca y leal comprensión.»
BUSCA LA EXPERIENCIA
"Un viejo que muere es como
una biblioteca que arde" Proverbio Africano.
No es necesario, amigo mío,
esperar a que nuestros cuerpos
empiecen a penetrar
de forma lenta y dolorosa
en el crudo invierno de la vida,
para entonces, poder comenzar
a aquilatar con senil avaricia
la sabiduría y la experiencia
propia de la ancianidad.
No es necesario aguardar
a que nuestros jóvenes músculos
comiencen a ser desgastados
por el indetenible paso del tiempo
para entonces, lograr utilizar
con relativo éxito aquellos
tan añejos conocimientos
que, sin temor a equivocación,
serían de mucha más utilidad
si contaran con la fuerza
y la destreza de la juventud.
Vamos, amigo, procura el roce
sabio con la divina experiencia,
busca compartir el tiempo
con los ancianos que conoces;
hazle conversar contigo,
haz que te narren como fue
su apasionante existencia;
pues, ellos, podrían enseñarte
en muy contados segundos
lo que tú jamás podrías aprender
en el lento discurrir de una vida.
RODOLFO DE JESÚS CUEVAS BATISTA
SANTO DOMINGO - REP. DOMINICANA
Nota:
Este poema se halla publicado en la antología Senderos
Poéticos Hispanoamericanos, de Publicaciones Altair, 2000, B.B. Bs. As.
Argentina. Tal pieza literaria se hizo acreditativa de un diploma y mención por
su publicación. Espero queéstasea de su agrado, muchas gracias.
Aquel era el día más feliz de su vida; pues, como
padre que era, había estado esperando muy silenciosamente su llegada. Su único
hijo Juan José, quien vivía en la vecina Italia, le anunciaba, por vía
epistolar, que se casaba con Simona, una joven italiana, a la cual él describía
como la mujer más hermosa que ojos humanos hayan visto jamás. Tal era la razón
por la cual José Juan estaba tan emocionado; ya que, como todo padre, soñaba
con tener nietos y, más aún, proveniente de una joven tan bella como ésa.
La boda era el fin de semana próximo y, como él
vivía en España, específicamente en la Región de Murcia, gracias a los muchos
beneficios traídos por la Unión Europea, sólo tendría que levantarse temprano y
dirigirse a la oficina de pasaportes más cercana a renovar su documento de
viaje; ya que, aunque lo poseía, no lo usaba porque no había viajado nunca;
luego, tomaría un tren hacia Italia y, ya allí, conocería a la preciosa Simona
y participaría de los actos nupciales.
A tal efecto, se levantó bien temprano en la mañana;
ya en la oficina de pasaportes, cumplió con todos los requisitos exigidos y
llenó todos los formularios que debía llenar; luego, se puso a esperar muy
tranquilamente a que le entregaran su renovado documento de viaje. Después de
tener muchísimas horas esperando, le notificaron que no le podían renovar el
pasaporte, en razón de que él había muerto hacía 14 años atrás en la cercana
Comunidad de Valencia. El funcionario que le atendió no sólo le mostró el acta
de defunción original, sino que también le suministró una copia del mismo y de
la autopsia que le realizaron para determinar la causa de su muerte. Allí, él pudo leer su nombre completo: José Juan
García Estévez; así como también verificar todos sus demás datos personales y
saber que, según la autopsia que le practicaron en tal entonces, murió de una
infecciónpulmonar causada por el cigarrillo.
“Pero, ¿si yo no he fumado jamás?”, pensó. De más está decir que, más que
estupefacto, se sentía sobrecogido; pues, estando vivo, tenía entre sus manos
un documento que certificaba las causas de su muerte y que, legalmente, decía
que había muerto hacía ya 14 largos años atrás.
Cuando preguntó al funcionario que lo atendía que
debía él hacer al respecto para poder renovar su documento de viaje, ya que
debía de viajar a Italia en el fin de semana próximo para poder asistir a la
boda de su hijo para con su bella novia; éste le indicó que primero debía ir a
Valencia, con su documento de viaje y la copia del acta de defunción que le
había dado, a fin de, allí, poder iniciar las diligencias jurídicas necesarias
para anular su muerte; y que, quizás, con un poco de suerte, de 15 días a un
mes, le otorgaban un nuevo pasaporte.
Más que
molesto, muy frustrado, regresó hacia su hogar; se sentía ciertamente incomodo
e impotente, ya que, por enterarse tan repentinamente de su muerte, se perdería
esa inestimable oportunidad que, por tanto tiempo, anheló: ver a su hijo
casarse y conocer a esa preciosa nuera que éste le describía como la más bella
entre las bellas; por tal razón, mientras que retornaba hacía su humilde hogar,
se decía para sí: “¡Ah, maldita sea la burocracia del demonio! ¡Cuántos abusos
comete esta desgraciada en contra de los pobres ciudadanos!”
En verdad, aunque sí lo deseaba con el alma, no
podría viajar a Italia; pues la maldita burocracia lo había matado
documentalmente y ahora se encontraba ante el dilema de tener que emprender
acciones legales a ver si, después de 14 largos años de muerto, ésta soberana
de los malos gobiernos, se dignaba a resucitarlo.
Saludo
queridos amigos. Esta entrada pretende ser un homenaje al gran Nelson Mandela,
uno de esos inmensos paradigmas que, con su actitud de amor y entrega
solidaria, además de algo más equitativo y fraternal, hacen al mundo un poco
más llevadero. La pimpinela Negra, apodo de guerra con que se conoció a
Mandela en la clandestinidad, cumplió 92 años el domingo pasado y la ONU
aprovechó para rendir homenaje al ex presidente sudafricano dedicándole la
“Jornada Internacional Nelson Mandela” o “Mandela Day”, que se celebrará los 18
de julio de cada año a fin de rendir así un permanente homenaje a su lucha por
la paz, la igualdad y la libertad de todos. Yo, desde mi pequeño espacio
virtual, me uno a esta justa y jubilosa celebración.
Esta preciosa
pintura que precede a mi escrito es autoría de la artista plástica María
Amaral; inspirado en tal obra —que posee el mismo título de mis versos— fue que
decidí escribir el siguiente poema:
EL BESO AZUL
Un ósculo azul, bella mujer,
es cuanto anhelo de ti;
sí, sueño con que nos demos un
beso,
tan azul, tan intenso y tan
prolongado,
que, además de hacernos sumamente
feliz,
nos haga ver todavía más añil el
cerúleo
azul del cielo y aún mucho más
ultramar
el índigo que viste al muy
borrascoso mar.
Deseo sentir que nuestras bocas
se entremezclan con las nubes,
que, una por una, se satisfacen
todas nuestras relegadas ansias
locas
y que las azules gotas de la lluvia
alimentan nuestros amorosos instantes
colmando nuestros cuerpos de
caricias,
mucho más que ardientes,
apasionantes.
En fin, quisiera sentir que sí, que
—con ese penetrante beso azul que
hoy
nos damos; con esas enardecidas
ilusiones
revoloteando en nuestros enamorados
corazones,
y más aún luego de entregarnos muy
febrilmente
a la más instintiva de todas las
humanas pasiones—,
«La Ley es igual para todos...»,
según se desprende de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
y, según sostienen grandes pensadores universales como: Voltaire, Montesquieu,
Franklin, Jefferson, Rosseau (y muy especialmente éste último), el hombre, al
entrar en sociedad, lo hace mediante un contrato social, en el cual delega sus
derechos y la protección de éstos a un sistema, por todos, acordado de
antemano. Tal sistema tiene por misión administrar y garantizar tales prerrogativas;
he ahí de donde nace el Ius Puniendi o derecho del Estado a penar los
delitos cometidos por sus ciudadanos. Mas, todos vemos como esos derechos son
—en vez de defendidos y garantizados— usufructuados y constantemente vulnerados
por el goce especial de que disfruta la burocracia gubernativa de turno y, por
esto, en vez de la muy benéfica Dictadura de la Ley, surgen las
mesiánicas dictaduras de los Franco, Trujillo, Bignone, Galtieri, Duvalier,
Somoza, Pérez Jiménez, Batista y un larguísimo etc... y el hombre...
nuevamente... y por medios violentos... se ve obligado a conquistar su libertad
al precio de sangre y fuego...
Fundamentándose
en tales motivos, el juez latino (de origen dominicano) Manuel Méndez Olivero,
que imparte justicia en la Corte Suprema de Manhattan, en la ciudad de Nueva
York sostiene en su discurso que: «...Lo más importante, en cualquier sociedad
es la Justicia; que el pueblo respete a la Ley y que la Ley se aplique igual
para todos, tanto a ricos como a pobres. Pues el ciudadano común desobedece la
Ley si piensa que ésta sólo se aplica en su contra. Debemos implantar el
imperio de la Ley, crear una cultura de la legalidad. Nadie debe creer que está
por encima de la Ley, sólo porque tiene un cargo público o político. Es precisamente
aplicándole la Ley a los poderosos que se convence al ciudadanos común de que
la Ley es igual para todos...»
Tan hermoso discurso es antípoda
fiel a todo lo que sucede en mi natal República Dominicana. Aquí la Ley sólo se
aplica a los infelices; y los funcionarios judiciales (incluyamos entre éstos no
sólo a los jueces sino también a los fiscales del Ministerio Público; pues, los
primeros, son nombrados por interinatos, luego de que las vacas sagradas de la
Suprema Corte de Justicia, han puesto miles y miles de zancadillas a los
abogados que se presentan a los concursos para optar al cargo de juez; y a, los
segundos, les regalan el puesto tan sólo por ser amigo del Presidente o
miembros de un comité de base del partido en el gobierno) son enemigos jurados
de los sectores más empobrecidos; pues éstos no tienen con que pagarle la coima
o la mordida que ellos exigen por sus servicios. En tanto que los
policías e investigadores (supuestos auxiliares de los primeros) tienen
instituidas sus propias pandillas de malandros y malandrines, de todas layas,
instaurando así la denominada Delincuencia de Estado. Siendo así, de
salud es preguntarnos: ¿De qué manera avanza una nación que viva bajo tales
parámetros...?
Es muy
cierto que la Democracia no es perfecta, pero si algo de bueno ella tiene, es
precisamente su perfectibilidad; por tanto, los dominicanos (y, obviamente, los
ciudadanos de todos los países del mundo) en vez de soñar con una vuelta
regresiva a las sangrientas y variopintas tiranías que hemos padecidos ya,
deberíamos mirar hacia la Democracia (real y verdadera), pues, a través de
ella, sin necesidad de utilizar los extremos recursos de la violencia, se
pueden implementar cambios. Utilicemos, pues, los fueros de la Democracia (real
y verdadera) para procurar instaurar en nuestros pueblos La Dictadura de la
Ley, una en la que la divisa regente sea el majestuoso imperio de la Ley
sobre todos y todas; y esto sólo se logra reformando, relanzando, reingeniando,
reinventando o descentralizando (o como a usted guste decir) todas esas viejas,
burocratizadas y, por ende, anquilosadas estructuras gubernamentales,
judiciales y policiales que actualmente poseemos; es decir, logrando hacer
efectiva la rancia inefectividad de esos órganos sociales. Hagámoslo ya, señores,
sembremos entre los muy prometedores surcos de nuestros pueblos nuevos brotes
de democracias. ¡Propiciemos, pero ya, un nuevo y reivindicador Trabucazo[1]!
[1] La independencia de la
República Dominicana se inició el 27 de Febrero de 1844 luego de un trabucazo
comprometedor propiciado por el prócer Matías Ramón Mella en el Altar de la
Patria o Bastión de San Genaro.