sábado, 29 de agosto de 2009

CORRUPCIÓN GALOPANTE


En República Dominicana la corrupción no tiene techo ni tampoco se detiene ya ante la puerta de ningún despacho presidencial; tal es un flagelo social desenfrenado y desproporcionado que, al parecer, a nadie le interesa detener. Si, por sí acaso, alguno de ustedes pone en duda tal afirmación vaya, pues, al titular del diario gratuito http://www.eldia.com.do/, del viernes 28 de agosto del 2009, el cual informa, tanto en su portada física como digital: «La RD gasta 65 millones por pertenecer al Parlacen; los parlamentarios perciben un salario de US$4,500 al mes, que incluye US$2,800 de viáticos (más un monto indeterminado por pagos de boletos aéreos).»
Por medio de tal información, calzada con la firma del periodista German Marte, nos enteramos que nuestro país posee allí una representación de 22 parlamentarios que, dizque, asisten la última semana de cada mes al denominado Parlamento Centroamericano (Parlacen); que dicho organismo tiene su sede en Guatemala, que, además de los del país sede, lo integran los ex presidentes y ex vicepresidentes de Honduras, El Salvador, Nicaragua y Panamá —país éste que, recientemente, retiró su representación por considerar a tal organismo como «inoperante» y «cuevas de inmunidades»—, y también que la República Dominicana, la cual asiste a tal órgano regional desde hace cinco años, lo hace bajo el status de «observador».
«El Parlacen es un lujo para los países pobres», afirma Marte, «se reúne cinco días al mes y nadie está obligado a cumplir con sus resoluciones. Pero todos sus miembros poseen inmunidad y seguridad económica; incluso ex presidentes centroamericanos acusados de corrupción —caso Arnoldo Alemán, de Nicaragua, y Alfonso Portillo, de Guatemala— se han valido de la inmunidad parlamentaria que tal organismo les otorga para evadir la justicia de sus países.»
En la región el único caso de sensatez política ha sido el de Costa Rica, que no se ha integrado a tal parlamento por considerarlo como «inoperante y muy caro», en tanto que aquí, en la inefable República Dominicana, los principales partidos se pelean por tales designaciones y el dinero del pueblo sigue fluyendo, cual manantial hacía los bolsillos de los corruptos, sin dolerle a nadie, es decir, sin ningún tipo de control.
Yo, desde esta humilde tribuna, me pregunto: ¿Cuántas obras de bien social se harían en nuestras empobrecidas comunidades con esos 65 millones de pesos gastados en esos 22 políticos comecheques e inoperantes?

Autor: Rodolfo Cuevas