sábado, 15 de agosto de 2009

LA MULTITUDINARIA MARCHA DE LOS PENDEJOS (CUENTO)


En la muy democrática Atenas del Nuevo Mundo, como la sociedad plural, representativa e institucional que es, se celebran bienalmente dos cívicas convenciones, es decir, una por cada dos años. La primera, se celebra para escoger a los compañeros del célebre Alí Baba, o sea, a los 40 ladrones que le sirven de contraparte; en tanto que la segunda, dos años más adelante, se realiza para escoger al mismísimo Alí Baba en persona, o sea, a aquel dichoso mortal que tuvo la suerte de descubrir la cueva en donde escondían su ingente tesoro los 40 ladrones y, a pesar de que sabía que todo aquello era robado y, por lo tanto, ajeno, lo recuperó y con todo, para sí absolutamente, se quedó.
En el feliz y paradisíaco marco de dichos representativos conclaves nacionales, los cuales adquieren la categoría de acontecimientos sociales de primer orden, el Pueblo se arroja con ciego frenesís a las calles, avenidas y mentideros de la prístina Ciudad de los colones y, furibundo, enfebrecido y apasionado, aúpa a sus respectivos candidatos. Se forman entonces, tumultuosas concentraciones humanas, fanáticas contradicciones populares y muy peligrosas —aunque, al final, banales— discusiones políticas que, a veces, degeneran en odiosas y lamentables tragedias que, poco después, todos olvidan...
El populacho, verdaderamente fanatizado, masificado y como víctima de un extraño sortilegio —tal y como ocurre en El Perfume a la enorme multitud ante el poderoso hechizo de Jean-Baptiste Grenouille, con la única diferencia de que, aquí, son muchos más los Grenouille—, se concentra, en el día de tan magna cita, en los entornos de las escuelas públicas, colegios privados, liceos, politécnicos, universidades, clubes sociales y populares y muchas otras instituciones más, a fin de poder cumplir con su cívico deber. La venta de alcohol, así como la apertura de los lugares públicos que expenden bebidas espirituosas, se prohíbe, mediante legal disposición, durante el discurrir de ese día; pero que va, todos beben alcohol hasta más no poder, participando así de una extensa bacanal que parece poseer un carácter inminentemente carnavalesco.
Y muchos extranjeros se preguntan azorados: «¿Y qué obtiene el pueblo novo ateniense como consecuencia de esos tan democráticos certámenes?» En tanto que, algunos lúcidos criollos, les contestan bastante apenados: «Pues nada. Ya que su pobre situación es, notoriamente, mucho más incierta, precaria y desesperante después de celebrados éstos.»
Mas, todos ellos y los extranjeros— siguen sin poder comprender jamás porqué, cada dos años, aquel Pueblo acude, cada vez más y más masificado, cada vez más y más fanatizados cada vez más y más motivado, a tales certámenes electorales que han sido correctamente denominados, por los espíritus más críticos de aquella rocambolesca sociedad, como: La multitudinaria marcha de los pendejos.

Autor: Rodolfo Cuevas©: 20/09/2004;  
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