miércoles, 3 de marzo de 2010

TRUJILLO: EL HEDOR DE LA MUERTE


Amigos y amigas, mis saludos, le sugiero agarrarse bien de sus asientos, pues este relato podría impactarle sus almas. Sucede que la señora Angelita Trujillo —hija menor del déspota dominicano que, atento a maldades, hizo tan tristemente célebre tal patronímico— recién ha publicado un memorial; y ésta, quien, en realidad, fue o es tan criminal como los fueron sus padres, sus hermanos, sus tíos, su ex esposo y sus amigos trujillistas, trata allí de beatificar, sacralizar y hasta liberar de culpas a sus criminales parientes y relacionados; mancillando, en tan horrendo libraco —Trujillo, mi padre—, la honra de mártires y héroes como las hermanas Mirabal Reyes, los ajusticiadores de Trujillo, de personas de estaturas proceras y, por ende, de todo el pueblo dominicano. Como sabemos que aquel que no conoce su historia, está condenado a repetirla y en vista de que hoy se trata de dulcificar la imagen del Sátrapa con aquella frase popular que sostiene que aquí lo que hace falta es un Trujillo, yo ofrezco este breve relato (extraído de cientos de miles de hechos reales) a la consideración del mundo, a fin de que juzguen sobre la grandeza o la bajeza de este gran Criminal del Caribe y sus ostentosas familia de buitres. Leed y juzgad, pues.

TRUJILLO: EL HEDOR DE LA MUERTE

Transcurrían las doce de la medianoche y, en el paupérrimo sector de Gualey, a orilla del río Ozama, Cristina, una joven mujer primeriza, con nueve mal contados meses de embarazo, había comenzado a romper fuentes; en tanto que, Crescencio, su compañero consensual —quien no había entendido jamás por qué las urgencias y las desgracias suelen asaltar al pobre siempre al filo de la madrugada—, muy desesperado ante la inminencia del suceso, optó por salir vestido con ropas de dormir en busca de la comadrona más cercana. Para él, al igual que para su esposa, tal niño, era su primer vástago, siendo ésta la razón fundamental por la cual, además de presuroso, corría cargado de esperanzas.
Al ascender del hondón del caserío, cercado por los tupidos montes que bordeaban las orillas del Ozama, hacia la ciudad —Ciudad Trujillo, les llamaban entonces—, divisó una patrulla compuesta por seis militares. “Esa es la Guardia de Trujillo”, se dijo para sí; mas, avanzó raudo y sin miedo; pues, convencido hasta la médula de que “aquel que nada debe, nada teme”, de la fama “justiciera” del “Jefe” y de lo sagrado de su misión, confiaba en que nada le podía pasar.
«Quieto ahí, ciudadano», oyó gritar al sargento que la comandaba. En tanto que, él, se detuvo e inquirió: «¿Dígame, sargento, en que podemos servirle?» «Deme, rápido, “los tres golpes”, o sea, su cédula de identificación personal, “la palmita” o carnet del Partido Dominicano y su registro o credencial electoral», gruñó el suboficial.  «Sargento, yo to’ eso lo tengo, pero en casa; pues, sucede que mi mujer ta’ pariendo y, motivado por la urgencia, salí sin ellos». «Pero... es ella la que está pariendo... no tú... animalazo...», masculló el militar. «Sí, lo sé, sargento; pero yo, para fines de un mejor parto, voy en busca de una comadrona. Deme un chance, comando, por favor...», rogó el civil. «Sargento, no se deje usted engatusá de éste, que puede que él sea uno de los peores enemigo del “Jefe”», instiló el cabo que, en la patrulla, fungía de segundo al mando. «Pero... ¿y cómo rayo voy a ser yo uno de los peores enemigo del “Perínclito”?», trató de justificarse Crescencio. «Simplemente, mi mujer ‘tá pariendo y yo voy en busca de una comadrona...» «¡Llévenselo», ordenó el sargento a tres de los soldados bajo su mando, «y tránquenlo para fines de investigación y sometimiento, si ha lugar y si no, que lo suelten, pues», concluyó sentenciando, cual juez de horca y cuchillo.
Crescencio, pasó una semana preso —bajo investigación, tal y como ordenó el sargento— y caminaba ya hacia su morada, presuroso y en libertad; “una libertad que tenía que agradecer al Jefe”, según le indicaron los militares allá en el cuartel. Al llegar al populoso caserío de Gualey, se enrumbó hacia su hogar y, en tanto que se desplazaba hacia allí, advirtió que, luego de una semana enclaustrado, el mal olor que traía sobre su cuerpo era inaudito e insoportable. “No me gustaría ofender ni a Cristina ni al bebé, con esta fetidez que tengo encima”, discurrió para sí. Mas, al posarse en el umbral de la empobrecida casita en que vivía, fue golpeado en sus fosas nasales por un hedor mucho más inaudito e insoportable que el de su cuerpo de reo de varios días sin lavar; allí, en el que fuera su propio lecho nupcial, su concubina y su niño —que sí había alcanzado a nacer—, posado sobre sus pechos, yacían, casi momificado ya, y unidos aún por el reseco cordón umbilical...
Fue entonces cuando él coligió que aquel terrible hedor —mucho más inaudito e insoportable que el de su cuerpo de reo de una semana sin asear— era el terrorífico efluvio de la muerte —sí, de la muerte de su esposa, de su hijo, de su pueblo y de sí mismo— que Trujillo y sus adláteres, tanto civiles como militares, habían esparcido, muy abusivamente y durante 31 largos años, en un inacabable festín de la jauría, sobre la faz de la República Dominicana.

Autor: Rodolfo Cuevas©: 25/02/2010:
todos los derechos reservados, Ley 65-00.

22 comentarios:

Huayat dijo...

Es terrible el hecho, verídico o no, pero las imágenes son horribles, horribles como son los pleonéxicos (pleonexia), estos mismos que han desolado el planeta extinguiendo razas para adueñarse de la tierra. Un abrazo Amigo Rodolfo.
Salud-os desde mi perspectiva.

reltih dijo...

un relato muy sentido. esas son las ironías del poder de las armas. este escrito tuyo duele.
un abrazo mi hermano.

El ave peregrina dijo...

Triste relato amigo Rodolfo, espeluznante e inhumano. Por desgracia estas historias macabras llenan páginas de nuestros antepasados, en manos de estos mandatarios descerebrados.

Un abrazo.

Paloma Corrales dijo...

Madre mía Rodolfo, he quedado impresionada... qué terrible... Aún así me gusta tu relato denuncia.

Un abrazo enorme con todo mi cariño.

Liliana G. dijo...

Una historia terrible, sobrecogedora e indignante. Indignación que lleva a la impotencia de no poder o no haber podido contra semejantes chacales...

Yo creo, mi querido Rodolfo, que la Trujillo hija, podrá haber escrito en su libro lo que se le dio la real gana, como lo puede hacer cualquiera. Pero que la Historia, así con mayúscula, la desdice y la condena.

Un beso grande, hermano.

María dijo...

Impresionante y terrorífico, Rodolfo, tu relato, pero realmente hermoso, gracias por compartirlo.

Un beso.

Mon dijo...

Que tristeza por aquella persona que perdió a su amada mujer. Es fuerte saber de casos así. Bikos y que estés bien.

Rodolfo Cuevas dijo...

Huayat:
Estimado amigo y hermano, me alegra que estés bien, ya te había escrito, un tanto preocupado por ti; rogamos al Ser Superior nos lo proteja a todos por allá.
Permíteme decirte que en mi país, durante los 31 años de dictadura a que alude el relato, se cometieron muchísimos crímenes como éste; pues Trujillo, fue un verdadero criminal y exactamente un pleonéxico a carta cabal que extinguió, frustró y abusó de cientos de miles de generaciones de dominicanos.
Gracias, querido amigo, abrazos fraternos.

Rodolfo Cuevas dijo...

Reltih:
Hermano mío, las armas, en mano de hombres honorables, sirven para proteger; pero, en mano de hombres corruptos, como Trujillo y los suyos, sólo sirven para abusar.
Esa precisamente es mi intención, que el relato duela hasta el alma, específicamente a las de los dominicanos; ya que, mucho de ellos preconizan: «Aquí hace falta un Trujillo», cuando realmente de lo que precisamos es de la dictadura de la Ley.
Un gran abrazo, hermano Reltih.

Rodolfo Cuevas dijo...

Ave Peregrina:
Así es, querida amiga, resulta muy espeluznante,inhumano y macabro el relato. Mas, sucede que, en mi país, una corriente de opinión busca melificar a Trujillo y sus descendiente ante los ojos del pueblo y ésta es mi quijotesca forma de enfrentarle; la pluma es mi única espada. Gracias por tu comentario amiga querida.
Un abrazo fraterno.

Rodolfo Cuevas dijo...

Paloma:
Bella amiga, eso es precisamente lo que busca mi relato: impresionar, más aún a los dominicanos, a fin de concienciar acerca de lo malo que resultan las dictaduras. Me alegra que te haya gustado el relato, amiga preciosa.
Un cariñoso y monumental abrazo.

Rodolfo Cuevas dijo...

Liliana G.
Así es bella amiga, yo no nací bajo la férula de la dictadura y vivo indignado al saber que mi país fue gobernado por semejante jauría de criminales...
En realidad: «LA HISTORIA ES LA HISTORIA Y, AUNQUE DIGAN LO QUE DIGAN, LA HISTORIA NO CAMBIA» y su juicio, al final, es justo porque los que te juzgan no son tus contemporáneos, sino generaciones venideras que, al paso del tiempo, se van tornando imparciales.
Besos y abrazos grandes, querida hermana.

Rodolfo Cuevas dijo...

María:
Un alto honor tu comentario, querida amiga, me alegra que te haya gustado. Gracias a ti.
Besos y abrazos tiernos.

Rodolfo Cuevas dijo...

Mon:
Bella amiga, me alegra que no te haya pasado nada, ruego al Supremo por tu protección y la de todos los que viven en el hermano país de Chile.
Sí, amiga, sé que es muy triste y demoledor el relato, pero sucede que, con él, quiero llamar la atención de mis paisanos a fin de que no vuelvan, nunca jamás, a ser seducido por los cantos de sirenas de criminales y oportunistas semejantes.
Yo también deseo que siempre estés bien, amiga mía, besos y abrazos tiernos.

MORGANA dijo...

Rodolfo,es realmente duro y trágico lo que nos narras.
Encantada de estar en tu casa.
Cuando quieras ,las puertas de mi laberinto están abiertas.
Morgana

Rodolfo Cuevas dijo...

Morgana:
Gracias a ti por tan rápida respuesta a mi visita y comentario en tu espacio, para mi constituye un alto honor tu reciprocidad. El relato es ciertamente duro y trágico, pero su fin es proteger a los humanos de seres tan protervos como los Trujillo.
Un fraternal abrazo.

Milo Pratt dijo...

Hola Rodolfo.

Me gustó mucho tu relato.

Estoy contigo en toda denuncia de todos los tiranos de nuestro pueblo latinoamericano. Por la memoria y en contra de esa canonización burda e hipócrita que se apela a ciertos llamados de orden para evocar con una especie de melancolia el puño duro de los militares. Puños rojos por cierto, teñidosy de sangre que encierran dentro, los peores crímenes.

El relato por lo demás está bien construido, ese constraste entre la ingenuidad del personaje y la violenta brutalidad de la realidad.

Este pasaje me gustó mucho:

era el terrorífico efluvio de la muerte —sí, de la muerte de su esposa, de su hijo, de su pueblo y de sí mismo—

Saludos y gracias por tus visitas.

Antoñi dijo...

Desgraciadamente amigo Rodolfo, la historia real de un país, rara vez la dicen de forma correcta los libros de historia. Una dictadura es terrible, y todos los entresijos que se barajan para instituirlas, solo encierran asesinos, asesinos que se exhiben para el pueblo como héroes. En mi país hay historias tan terribles como esa y aún en los casi treinta años de democracia, hay falsos héroes no se les ha dado el correcto lugar en la historia y francamente creo que jamas se ara. Sigue siendo tabú, por el miedo a resucitar fantasmas del pasado. Yo no creo en ese tipo de miedos, ni voy en contra de un descendiente inocente de ese asesino del pasado, eso si, creo firmemente, que la memoria histórica cierta es un referente que evita cometer los mismos errores. También los muertos en fosas comunes que son legado de búsqueda de una generación a otra por parte de los familiares afectados, es un derecho que aún en países como el mio no se ha resuelto y creo que jamas se ara.
Eres valiente, por que la letra no se pierde, se queda escrita y decir la verdad, todos no somos capaces...
Bandera de libertad en la lucha sin mártires, es tu reivindicación en este majestuoso relato, que por triste y desgarrador, no deja de ser hermoso, por el fin que le precede...
Besos
Antoñi

Rodolfo Cuevas dijo...

Milo Pratt:
Mis saludos, querido amigo; me alegra mucho que te haya encantado mi relato y que estés de mi lado en este tipo de denuncias; pues soy de los que creen que una dictadura --sea de derecha, de izquierda o de centro-- es una gran maldad para quienes la sufren... Gracias por tus hermosas palabras, constituyen un reconocimiento a mi trabajo. Gracias también por visitar mi espacio y comentar.
Abrazos fraternos, amigo Milo.

Rodolfo Cuevas dijo...

Antoñi:
Amiga, gracias por tus sabias reflexiones en torno a mi relato; me parecen muy atinadas todas, sólo diferimos en que quien falsea los hechos no es la historia, sino la última hija del dictador asesinado --que bajo ningún concepto es un descendiente inocente, sino una persona tan criminal como él- que se ha dado a la tarea de ensuciar la obra de aquellos que combatieron a su padre.
Para mí constituye un lujo poder contar con amiga como tú, que analizan tan detenidamente el trabajo que, con su juicio, ayudan a uno a mejorar bastante. Gracias por tu visita y comentario.
Para ti un gran abrazo, Querida Antoñi.

Mayte_DALIANEGRA dijo...

Estremecedora historia que ilustra a la perfección el mandato de este tirano genocida. No he leído el libro que ha publicado la hija del dictador, ni pienso hacerlo, por supuesto, y aunque no sé mucho de los pormenores de tan despótico mandatario, sí que he visto, hace algunos años, una película que se rodó sobre la vida de las hermanas Mirabal Reyes y su horrendo asesinato. Qué este relato sirva para concienciar a quienes lo lean de la necesidad de un mundo libre, de un mundo mejor, donde hechos como éstos no se lleguen a producir jamás. Un beso, Rodolfo.

Rodolfo Cuevas dijo...

Mayte_DALIANEGRA:
Bella, mucha gracias por ese comentario tan alentador; precisamente ese, el de lograr concienciar a mi pueblo, y a otros que han sufrido tiranías semejantes, es el principal propósito de este relato; ya que, no tan sólo la hija de Trujillo, sino una gran porción de la sociedad, o sociedades en actuaron éstos, procura dulcificar, beatificar o sacralizar, a tales monstruos sangrientos, a los ojos de ignaros que no saben que «aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla» Por eso pronuncian, a cada rato, frases tales como: «Aquí lo que necesitamos es un Trujillo».
Dulces besos y cálidos abrazos, Mayte preciosa.