domingo, 15 de abril de 2012

FÓRMULA PARA UN MEJOR VIVIR


FÓRMULA PARA UN MEJOR VIVIR

Aquel joven pescador, con cara de suma preocupación, se acercó al lugar en que meditaba el siempre luminoso shamán de su aldea y, luego del saludo de rigor correspondiente, le preguntó:

—Maestro, ¿podría usted decirme —claro, si es qué acaso la conoce— cual es la fórmula que conduce a una mejor manera de vivir?
—¡Oh, pero claro que sí la conozco! Y muy bien, pues, tal es receta llana, simple y sencilla —le respondió el sabio. Y, acto seguido, le indicó—: Comienza borrando el pasado de tu existir e instalándote a vivir en el presente, siendo consciente de vivir en él siempre; y, en cuanto a asuntos de fe, dogmas, creencias, hechos o situaciones se refiere, no creas nunca jamás en algo —ni bueno ni malo— que aún no haya acontecido y menos aún si no ha sido verificado por ti mismo.

—¿Tan sólo eso, Maestro…?

—¡Ah…! Y en aquellos disimiles momentos en que confrontes la bondad o la maldad; la abundancia o la escasez; la riqueza o la miseria; en fin, la dicha suprema o la maléfica infelicidad, recuerda pensar en que: “Eso también pasará”.

Autor: Rodolfo de Jesús Cuevas©: 07/01/2009
todos los derechos reservados, Ley 65-00.

sábado, 31 de marzo de 2012

BREVES LECCIONES DE POLÍTICA


BREVES LECCIONES DE POLÍTICA

Argüía Aristóteles que la política es la conjunción del arte y la ciencia puesta al servicio de la humanidad y fue él mismo quien sostuvo que el hombre es un ser político —zoon politikon— cuyo único fin no es vivir, sino vivir bien; y Duarte, aquí en nuestro patrio lar, argumentó que la política, después de la filosofía, es la única ciencia digna de ocupar las inteligencias nobles; en tanto que, muchísimo antes de nuestro querido patricio, ya Platón había dicho: Hasta que los filósofos se encarguen del gobierno o los que gobiernan se conviertan en filósofos, de modo que el gobierno y la filosofía estén unidos, no podrá ponerse fin a la miseria de los Estados; y, antes y después de ellos, miles de pensadores han demostrado que tal actividad —la política— es la única ciencia de administración del Estado que, aún hoy en día, se conoce, pero el pueblo dominicano no parece colegir que aquello de que sólo el pueblo salva al pueblo es irrefutablemente cierto; por tal razón sigue colocando ineptos, corruptos y prevaricadores comprometidos con la oligarquía a conducir la nave del Estado; por eso sigue otorgando la rienda de la nación a politiqueros oportunistas que se aprovechan de sus puestos para instaurar en torno a ellos ingentes cohortes de aduladores profesionales que organizan cultos de estilos religiosos a sus respectivas personalidades. Por tales razones leemos en el libro Trujillo y yo —las memorias del nefasto Johnny W. Abbes García— lo que, según tal matón, le dijo el Tirano: Referente a esto —la adulación— Trujillo me dijo: «Yo quise ser dictador por cuatro años para arreglar este país, pero estos vagabundos políticos me han sustentado ya por 31 años y el pueblo se ha hecho cómplice de ellos.»
Aquí me gustaría advertirle al pueblo dominicano que así, tal y como sostuvo José Martí, resulta ser aún: Gobiernan los malos cuando los buenos son indiferentes; en tal virtud, como entes sociales que somos, debemos hacer nuestro aquello que dijo Lenin: Si tú no te metes con la política, la política terminará metiéndose contigo y con tu familia; también le recordaré, que debemos tener muy en cuenta lo dicho por Edmund Burke: Lo único que debemos hacer para que el mal triunfe sobre el bien es: no hacer nada.
La política, dominicanas y dominicanos, es un asunto tuyo, mío, de éste y de aquél, en fin, de nosotros todos; pues así, tal y como dijo Epicteto, es y seguirá siendo: El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y una cobardía ceder el paso a los indignos.
En cuanto a mí se refiere, sigo pensando como pensaba Thomas W. Wilson, pues, al igual que él: Yo  concibo la política como la ciencia del progreso ordenado de la sociedad y, muy lamentablemente eso no es lo que tenemos aquí... por eso sigo creyendo que, políticamente hablando, este país debería tomar un sendero mucho más sano, es decir, mucho menos corrompido, por tanto, debe ya de dejar de elegir entre el malo y el menos malo... ¡Basta ya, creemos un verdadero país, en el cual prime una democracia real sustentada sobre un verídico estado de derecho…!
Autor: Rodolfo Cuevas©: 21/08/2009;
todos los derechos reservados, Ley 65-00.                                                            


jueves, 15 de marzo de 2012

INCINERANDO-NOS



INCINERANDO-NOS
Quiero poder penetrar en ti,
pero muy dentro de ti;
y allí, ya surto entre
las tiernas profundidades
de tus cálidas hondonadas,
ser sinceramente tuyo,
pero muy absolutamente tuyo…
Quiero poder navegar en ti,
pero muy dentro de tu ser,
hasta verme naufragar
—si es posible para siempre—
en el telúrico estremecimiento
de tus corporales atributos de mujer…
Quiero apropiarme de tu amor,
pero hacerlo con sublimante candor;
y, al verme así, ungido como el dueño
absoluto de tu fascinante tesoro,
hacerte arder en mi fuego, aunque 
yo también me incinere en tu calor…
En conclusión, quiero quemarme
en tu fuego y, a la vez, abrasarte
entre las llamas de mi varonil ardor…


Autor: Rodolfo Cuevas©: 14/03/2012;
todos los derechos reservados, ley 65-00.

jueves, 1 de marzo de 2012

EL SUBLIME ARTE DE PENSAR


EL SUBLIME ARTE DE PENSAR
El anciano Rou, quien, procedente del consultorio tribal en que ejercía como shamán, acababa de arribar al humilde bohío que compartía con uno de sus nietos, descubrió a éste cuasi enmarcado en el umbral de la ventana y como ensimismado en las más hondas cavilaciones.
—¿Qué haces allí, tan absorto, Fito? —preguntó el viejo.
—Pienso, abuelo, tan sólo pienso —contestó el sorprendido joven.
—¡Oh, qué bien! —refutó el anciano—. Estás, entonces, ejerciendo la mayor labor y, por tanto, la más sublime de las artes.
—¿Cómo va a ser, abuelo? ¿Según tú, el pensar es el mayor trabajo y la más sublime de las artes? —inquirió, con evidente sarcasmo, el irreverente muchacho.
—Sí, así mismo es, mi querido Fito; ya que, de él, nacen las más grandes ideas y, basado en él, se erigen los más extraordinarios proyecto que existen en el mundo —se esforzó por demostrar el anciano.
—¡Ah, bueno! Pues, entonces, de hoy en adelante, dedicaré todo mi tiempo “al sublime arte de pensar” —ironizó el joven, en tanto que entrecomillaba los dedos en el aire—. Así, ya, nunca jamás tendré preocupaciones.
¡Muuuyyy biiieeen! —Exclamó emocionado el anciano Rou, para luego puntualizar seriamente—: Sí te advertiré algo, Fito, y es que de lo único que tendrás que preocuparte siempre es de pensar bien y actuar en consecuencia.
Autor: Rodolfo Cuevas©: 09/12/2011;
todos los derechos reservados, ley 65-00.

jueves, 16 de febrero de 2012

CAAMAÑO EN LAS MONTAÑAS



UN DÍA COMO HOY MURIÓ CAAMAÑO

Francisco Alberto Caamaño Deñó —nacido un 11 de junio de 1932 y fusilado el 16 de febrero de 1973— fue un militar que ocupó provisionalmente la presidencia de la Rep. Dominicana, en representación de los más legítimos intereses del pueblo dominicano, en la denominada Guerra de Abril de 1965, provocada por la segunda intervención yanqui al país.
El día 3 de febrero de 1973 él y ocho hombres más desembarcaron en Playa Caracoles, al sur del país, erigiéndose en un frente guerrillero que traía la intención de derrocar al gobierno continuista y antidemocrático del Dr. Joaquín Balaguer.
Con la muerte del coronel Caamaño (fusilado el 16/02/73 luego de ser capturado con su rifle averiado y sin municiones a la tierna edad de 41 años) desapareció la última esperanza democrática de la Rep. Dominicana y una de sus figuras más emblemáticas.
El coronel Caamaño fue el héroe que restauró la libertad y soberanía de la Nación Dominicana frente a las tropas interventoras yanquis, por tanto, es considerado como unas de las más importantes figuras patrióticas nacionales.
En su lucha esgrimió los ideales de los Padres de la Patria, de Gregorio Luperón y de los demás héroes restauradores.
He aquí mi pequeño homenaje versificado a ese gran titán de la democracia, de la libertad del ser humano y, más aún, de la dominicanidad.

CAAMAÑO EN LAS MONTAÑAS

En aquel día inescrutable,
en que Caamaño pereció
bajo el estrepitoso fragor
de los fusiles que, con su
criminal tableteo de muerte
y desolación, rugían entre
las montañas ocoeñas,
la boreal aurora de la Patria
ensombreció, muy triste,
lúgubre y luctuosamente,
y la libertad, con su faz
avergonzada, decidió
ausentarse, de una vez
y para siempre, de entre
los imperialmente colonizados
confines que demarcan
a la bella isla de Quisqueya;
negándose a volver allí jamás,
hasta que la verdadera democracia,
refulgiendo cual la más radiante estrella,
no florezca, nueva vez, ardiente, cual crisol
y valiente, como un héroe, sobre ella.
Y así, de tan inmenso, sería el tamaño
de su homenaje a Caamaño.
Autor: Rodolfo Cuevas©: 23/10/2009;
todos los derechos reservado, Ley 65-00.

miércoles, 1 de febrero de 2012

ABRIGO DEL AMOR


ABRIGO DEL AMOR

Mirándome en tus ojos,
prisionero quedé
del tropical embrujo
de tu color moreno;
tus aires de coqueta
me hicieron enloquecer,
y preso aún soy del placer
que emanó de tu ser.
Eres la caracola inusual
de mis amorosos sueños,
la ola marina inmensa
que me arrastró al insomnio,
la ansiada y prohibida fruta
que aún nutre mis pecados,
y la sirena de amor
que más amor me ha dado.
Te quiero, te idolatro,
te deseo y te pienso,
pero jamás te extraño,
porque aún te tengo aquí,
muy al junto de mí...
sigues siendo mi abrigo,
pues, aunque ya no seas mía,
siempre estás aquí conmigo—;
y, aunque ya no soy tu amigo,
ni te colmo de mimos, bien sé
que, igual a como pasa conmigo,
en tus más tristes y nostálgicos
días, es en el fulgente ardor
de mis antiguos recuerdos
que aún se abriga tu amor...
Autor: Rodolfo Cuevas©: 15/12/2009;
todos los derechos reservados, Ley 65-00.

viernes, 6 de enero de 2012

¡QUÉ INMENSA ABERRACIÓN!


¡QUÉ INMENSA ABERRACIÓN!
Es penoso, muy penoso, el tener que comenzar el año 2012 con este escrito, pero no quiero, bajo ningún concepto, desperdiciar la gran oportunidad de poder denunciar, a los oídos de todo aquel que quiera saberlo o leerlo, que en mi país, la República Dominicana, 236 mujeres —madres y futuras madres— fueron horrendamente asesinadas, dizque por amor por sus esposos, exesposos, novios o exnovios, en el recién pasado año 2011.
¡Qué inmensa aberración!, podríamos gritar. Pero la aberración más grande aún es que, en tal país, los miembros del Ministerio Público (entiéndase procuradores generales y de cortes, fiscales, fiscales adjuntos y fiscalizadores) son compañeritos de  los comités de bases del partido político gobernante; los cuales, casi siempre, han sido designados de dedo por el compañero presidente, el compañero procurador general de la República o cualquier otro compañero o magnate del partido en el gobierno. Y estos funcionarios atienden, en consecuencias y en claras función de sus intereses particulares, más a buscársela o a fantasmear que a cumplir con sus deberes para con el pueblo; pues están investidos como  jueces de la querella, cargo éste que ejercen más en función de amiguismo político o de las prebendas espuriamente recibidas. O sea que allí es en donde está el quid del asunto, esas 236 mujeres asesinadas son una horripilante consecuencia de la ineptitud, incapacidad, desidia, dejadez e imprudente negligencia con las que tales funcionarios políticos cumplen con esa tan delicada tarea puesta sobre sus tan incompetentes hombros. Me pregunto: ¿Hasta cuándo eso será así?
¡236 mujeres asesinadas! ¡Qué aberración, qué atraso, qué revés más siniestro, para la justicia y la sociedad dominicana en general!
Por favor, dominicanos, aun sea de aquí en adelante, actuemos como hombres, como verdaderos hombres, y no como viles asesinos y femenicidas; nunca jamás permitamos que nos juzguen como crueles matadores del ser al cual supuestamente más apreciamos: La mujer amada. Enarbolemos en fin una consigna que rece: Ni una mujer asesinada más ¡Basta ya!
Aquí le dejó con un pequeño microrelato que pretende ser un humildísimo homenaje a esas 236 mujeres asesinadas.

LA VÍCTIMA NO. 236

Él, siempre muy de acuerdo con su extrañísimo sentido del amor, la amó tanto, tanto, tanto que —por causa de ese tan excesivo amor— enceló; y, al encelar así de tal manera e instado por esa desvirtuada forma de ver y sentir al amor, entonces, la asesinó.
Autor: Rodolfo Cuevas©: 06/01/2012;
todos los derechos reservados, ley 65-00.