ADVERTENCIA: Este blog posee un alto sentido social, político, cultural y, a veces, hasta ecológico; lo aquí escrito —a no ser que se indique— es de mi autoría y está protegido por leyes nacionales y universales que amparan los derechos de autor; si precisa de una colaboración, solicítamela. Hago saber que las imágenes aquí expuestas son tomadas de la red, de existir algún reclamo diríjalo al mail: rodyuricuevas@gmail.com y lo corregiremos. Nuestro enlace es: http://rodyuricuevas.blogspot.com/
Este joven que ven aquí es Kevin Jaxier Cuevas Diaz (mi sobrinito), quien, al ver algunos de mis cuadros figurar en esta página, me solicitó que publicara algunos de los suyos; ya que, él también, sueña con lllegar a ser un gran pintor. Así que optamos por complacerlo.
Éste que vemos aquí abajo se títula: Día de campo;
Y éste otro se títula: El pajaro azul
En hora buena Kevin, que el Señor guie tus pasos y te ilumine por siempre.
El
presente artículo es motivado por el pedimento o comentario que leeremos a
continuación, espero que sea de su agrado; yo, por mi parte, le juro que gocé
escribiéndolo; pues, el escribir —junto al pintar, dibujar y leer— es lo que
más me fascina hacer en la vida. Si le gusta, pues góceselo al igual que lo
hice yo; y sino, pues entonces, déjelo seguir su camino, bajo la premisa
aquella que reza agua que no beba
penas y tristeza déjala correr...
El pedimento
o comentario de Carolina Moreta:
Antes que nada, mil gracias por
todos sus mensajes, que siempre son productivos para mí. Con respecto a esta pintura
de Juan Luis Guerra, quisiera comentar que siempre me ha gustado mucho este
cuadro y siempre llamó mi atención, desde las veces que iba allá a la casa
hasta siempre que lo imaginaba en mi mente; me encanta la gama de colores que
tiene y como se armonizan unos con otros, aparte de todos los detalles (símbolos
y sombras) que sé que cada uno representa una idea; esto desde su punto de
vista, claro está, y a la vez desde el mío; lógico, siempre de acuerdo a la representación
que se le dé a este personaje. En verdad me parece excepcional (imparcialmente
hablando); gracias, reitero, por enviarme la foto. Me gustaría preguntarle (si
no es una indiscreción, de mi parte claro está), ¿cómo me explicaría usted este
cuadro desde su punto de vista? Siempre quise saber eso (bueno, de hecho, sobre
todos sus cuadros me pregunto siempre lo mismo, porque yo le doy mi significado,
pero me fascinaría oír o saber también el
de su punto de vista, dado el caso de que usted es el "autor"—literalmente
hablando— intelectual de esta obra de arte...)
De antemano, muchas gracias. Y quiero que sepa que ¡¡¡¡¡¡¡¡LO QUIERO MUCHISISISISISISISIMO!!!!!!!!
Muy estimada Carola:
Tengo
para recordarte, primero, que se dice que los cuadros no se explican; y, segundo, que este cuadro que tanto te gusta y que con tanta pasión comenta,
surgió de un cuadro anterior a él, titulado: Desde Cristóbal Colón hasta Juan
Luis Guerra; simbiosis de expresión y sentimiento de una nueva cultura.
Tal obra estaba o mejor dicho está dedicada a la evolución en América de la música
y el idioma, desde el descubrimiento hasta nuestros días; con ella participé en
la primera convocatoria del concurso pictórico Premio María Ugarte (1993),
auspiciado por el Instituto Dominicano de Cultura Hispánica (Centro Cultural
Español) y obtuve allí una distinción al obtener el laudo de selección. En
el extremo inferior derecho del ya mencionado cuadro se puede ver esbozada la
obra a la cual te refieres: Juan Luis Guerra, visto desde mi óptica.
En cuanto a ésta, que ahora pretendo explicar, vemos que, en ella, se destaca el rostro del artista y su
simbología característica, como son: sombrero, gafas y barbas; que, si nos
fijamos bien, no son más que una nota musical, que a la vez forma sus ojos y su faz,
y una serpiente —vista aquí como un signo ecológico y no de paradisiaca maldad—
forma el ala, o las alas del sombrero. Luego vemos una flecha a modo de nariz y unos bien
configurados labios rodeados de ralas espirales que simbolizan sus
cabellos, barbas y bigotes. Todo lo antes descrito se ve rodeado por algunos
signogramas taínos auténticos y otros de mi propia inspiración. Entre éstos se
destacan: peces —por aquello de quisiera ser un pez—; cayenas o
rosas —por lo de te regalo una rosa, me la encontré en el camino, no sé si está desnuda
o tiene un solo vestido—; vemos, también: perro mudo, un lagarto cazando
mariposa, murciélago y búho, caracoles, pájaros y serpientes, cometas que son a
la vez espermatozoides, graffiti y por último un búho-gato que parece emerger
de la cabeza del artista, con él pretendo simbolizar la inmensa capacidad creativa
que posee nuestro gran Juan Luis Guerra.
Mas,
así, tal y como tú dices, resulta ser: una pintura tiene tanto creadores como
espectadores la observen; yo simplemente —y a pedimento tuyo— expongo aquí el
punto de vista del autor. Y, en cuanto a la gama de colores, símbolos y
signogramas de animales que posee se refiere, por medio de éstos pretendo (en
ésta como en todas mis otras pinturas) plasmar un mensaje en pro de la
conservación del medio ambiente y de las especies que lo habitan, es decir, constituye
un llamado ecológico.
Pero, sabes, no puedo darme el lujo de despedirme sin antes narrarte
lo que me contestó a mí un pintor al cual yo, cuando era apenas un aprendiz, le
pedí lo mismo —que me explicara una de sus pinturas—: Los cuadros no se explican, se
sienten, me espetó aquel gran genio, pero yo, a sabiendas de eso y contrario a él, aquí es
tratado, humildemente, de cumplir con tal cometido.
Mi muy
querida y apreciada Carola, espero haber dejado completamente satisfecha tu
artística inquietud y aprovecho la ocasión para confesarte que yo, también, te
quiero mucho, mucho, mucho, bye...
Todos sabemos que el
Imperio Romano de Occidente fue conquistado por los bárbaros y, partiendo de tal
ejemplo, debemos aceptar que es cierto aquello de que el germen de la
ignorancia tiene el poder de carcomer hasta los cimientos de los pueblos y
civilizaciones más avanzadas; por parecida razón se escuchó a Federico
Henríquez y Carvajal sostener en su oración fúnebre ante los restos de Eugenio
María de Hostos: ¡Oh América infeliz, que sólo reconoces quienes son tus
grandes hombres, cuando ya sólo son tus grandes muertos! Mas, aquí en
Dominicana, ni siquiera tal sentencia se cumple a cabalidad; pues, nuestro
pueblo, al parecer, ignoró o pasó por alto que el general Gregorio Luperón
—quien fue, para la salud y bienestar de la Patria, tan grande y necesario como
lo fue Juan Pablo Duarte y Diez— nació el 8 de septiembre de 1839 y se cumplieron, días
atrás, 170 años de tan memorable fecha (que debería ser patria, pero no lo es)
y —al parecer reitero— autoridades y ciudadanos nacionales simplemente ignoraron tal
efeméride; pues, su majestad patriótica no se debe jamás cicunscribir a un pequeño acto de provincia.
¿Será qué ellos no saben
que Duarte y los Trinitarios proclamaron la Independencia Nacional (27 de
febrero de 1844) y qué Luperón y los Restauradores (después de nuestra Patria ser
anexionada en 1861 a España por el antinacional de Pedro Santana) les
restauraron sus fueros nacionales luego de una cruenta y larga guerra que se
extendió de 1863 a 1865?
Y si pudo
inconsulto caudillo / de esas glorias el brillo empañar / de la guerra se vio
en Capotillo / la bandera de fuego ondear. / Y el incendio que atónito deja /
de Castilla al soberbio león / de las playas gloriosas se aleja / donde flota
el cruzado pendón.
Eso dice el Himno
Nacional en las estrofas séptima y octava, las cuales en realidad compendian allí
la gesta restauradora; en tanto que yo, desde esta humildísima tribuna, digo,
parangonando a Jesucristo: ¡Oh, Dios mío, perdónalos, que es qué no saben
lo que hacen!
En
días pasados se acercó a mí mi amigo Daniel Rosado, un predicador protestante
que se preparaba para dar esa noche una conferencia sobre la importancia de la
espiritualidad y —como para darle color y sazón a su oratoria— pretendía abordarla desde los regios confines
de la acuarela; movido por tal propósito fue que se me acercó auscultándome en
mi condición de artista plástico (pintor) y, en su conversación, me reveló que anhelaba
hacer, algo así como, un paralelismo entre acuarela y espiritualidad. Debo
admitir que, por la escogencia de tal tema, me sorprendió, en tal virtud no me
quedó más que reconocerle su gran aserto; ya que, desde mi punto de vista, de
las técnicas pictóricas existentes, la de la acuarela es la más poética y, por
tanto, la más espiritual de todas.
El
predicador se sintió muy conforme con tal aseveración y me indicó que
fundamentaría su conferencia nocturna en torno a acuarela, poesía y
espiritualidad. Acto seguido, me preguntó que de qué manera podría yo definir
la acuarela. Yo le indiqué que, a mi buen parecer, así como el dibujo es el primordial
esqueleto de la pintura, la acuarela se podría definir como la antesala de la
pintura, ya que, todos los pintores esbozan en aguadas acuareladas sus obras
antes de proceder a ejecutarlas y, más aún, muchos de ellos pintan en hermosas
acuarelas estudios previos, de las que serán sus futuras obras, a fin de saber
como lucirán éstas luego de ser ejecutadas.
A
propósito, de acuarela, poesía y espiritualidad, le indiqué a mi amigo Daniel que la técnica
de la acuarela es, para la pintura y los pintores, la espiritual esencia que resulta
ser la poesía para la literatura y los literatos; pues los pintores, cuando
abordan otras técnicas pictóricas más cargadas —como óleo, acrílica, temple,
fresco, collage, técnicas mixtas, etc.— creen estar haciendo prosa; así de delgado
resulta ser, señores, el margen existente entre acuarela, poesía y espiritualidad
y, por ende, entre pintura, creación y literatura.
«Acuarela
del río que pinta la historia de un lindo romance...» enuncia una vieja y
hermosa canción y, ciertamente, la de la acuarela es la técnica pictórica que
más se presta para ejecutar un bello paisaje sobre la texturizada superficie
del papel. Es indudable que, así como la fortaleza del espíritu emerge de la
nada, del mismo modo de la blanca superficie de un papel surge la más bella de
todas las acuarelas.
Después
de aquella enriquecedora conversación con mi amigo Daniel Rosado, más que convencido
me quedé de que todos los humanos poseemos un espíritu capaz, laborioso y
creativo, labrado —tal y como se enuncia en el Génesis— a imagen y semejanza de
su espiritual Creador.
Rodolfo de Jesús Cuevas Batista (Yuri Cuevas), poeta, ensayista, narrador y corrector de estilo, que también se dedica al cultivo de las artes plásticas. Nació en la ciudad de Santa Cruz de Barahona, República Dominicana. A muy temprana edad fue trasladado por sus padres hacia la ciudad de Santo Domingo, donde se graduó de abogado, recibiéndose con honores. Como especialidad estudió Criminalística en el Colegio de Abogados de la República Dominicana (CARD). Su carrera literaria se inició formalmente cuando —en 1985— ganó el premio nacional de poesía de los concursos literarios celebrados por La Fundación Caamaño. Más tarde —1987— obtuvo el premio de ensayos de los Concursos Literarios de Creatividad Popular celebrados por los colectivos barriales GRIPAC–CECAPO. En 1988 se alzó con el premio escolar de cuento celebrado en el Politécnico Nuestra Señora del Carmen, entre los estudiantes del tercer año del bachillerato. En 1994 ganó el premio de poesía AILA–SUAT auspiciado por la gobernación del AILA entre los miembros del Departamento de Supervisión a Tiempo (EQUIPO SUAT-AILA). En el 2000 obtuvo el premio internacional de poesía Confraternidad Poética Hispanoamericana II, Auspiciado por Publicaciones Altair de Bs. As. Argentina. En el 2007 ganó el tercer premio, de la categoría relato de deporte, del concurso internacional II Premio Eduardo de Narrativa Breve, organizado en San Juan, Puerto Rico, por la Federación Internacional de Maxibásquetbol y la editorial argentina Puente del Sur. También en el 2007, fue finalista del concurso internacional de microficción Francisco Garzón Céspedes, celebrado en Madrid, España por las asociaciones culturales Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral y Escénica (CIINOE) y Comunicación, Oralidad y Artes (COMOARTES). Su biografía está publicada en el Diccionario de Escritores y Poetas Latinoamericanos, editado por Publicaciones Altair en el 2004. Sus poemas se hallan antologados en la antología Senderos Poéticos Hispanoamericanos, también de Publicaciones Altair. En Tanto que, algunos de sus cuentos y relatos, se hallan publicado en la antología Las Valijas de Ulises, Relatos de viajes y deportes, de Editorial Umbrales, de Bs. As. Argentina; así como también en las ediciones físicas y digitales de la Colección Gaviota de Azogue, 63 Cuentos Hiperbreves y en Poética Digital, Revista de poesía en la red. Como escritor ha publicado: El joven y el Shamán, encuentro de generaciones.
En mi país —la República Dominicana—, al igual que en otros países
hispanos (ver artículo Inimputable
(viernes 17 de julio del 2009) del blog opina y debate)
se argumenta mediáticamente sobre la conveniencia social de respectivas reformas a los códigos Procesal
Penal y Del Menor. En el primero de ellos, según alegan los juristas
más versados, se otorgan ventajas demasiados notorias o evidentes a los
antisociales y en el segundo: se disminuyen, casi a cero, las penas aplicables
y, más aún, éste declara inimputables a algunos menores de edad que, en
realidad, son verdaderos delincuentes comunes, utilizados para el sicariato por
las gangas, pandillas y carteles más famosos de éste y otros países del orbe.
Veamos tan sólo algunas de las razones que hacen, más que justas,
necesarias el pedimento de tales reformas: la Reincidencia delictual,
por ejemplo, no se haya contemplada en el Nuevo código procesal penal
(Ley No. 76-02); y la alegre concesión de fianzas económicas a delincuentes
comunes con prontuarios peligrosos —como los de narcotráfico, secuestro, robo a
manos armadas, asesinatos, porte y tenencia ilegal de armas, etc.—, que es otra
de esas innegables ventajas, sin duda que tornan a la Justicia en algo así como
un enorme mercado judicial; también debería estudiarse con sumo detenimiento la
flojedad de las medidas de coerción físicas aplicables a tales casos.
En cuanto a los menores delincuentes se refiere, el denominado Código
del menor (Ley No. 136-03), no sólo le dota de una jurisdicción especial
—la de niños, niñas y adolescentes—, con centros de detenciones especiales,
sino que también le concede penas altamente especiales, el artículo 340, de
dicho código, nos señaliza tales penas, veámosla:
«a) De uno (1) a tres (3) para las personas adolescentes entre trece (13)
y quince (15) años de edad, cumplidos, al momento de la comisión del acto
infraccional; y
»b) de uno (1) a cinco (5) años para las personas adolescentes entre
dieciséis (16) y Dieciocho (18) años de edad, cumplidos, al momento de la
comisión del acto infraccional.» Como podemos colegir de tales acápites, los
menores de doce (12) años abajo son para, tal ley, inimputables, es decir, no
tienen responsabilidad penal.
Es muy importante destacar aquí que las penas arriba indicadas se aplican
sin importar que el menor de marras haya matado al Papa, al Rey, al Presidente
o a un senador de la República y dependen, lógicamente, del humor mercadológico
que, tal día, posea el juez al cual corresponda aplicarlas...
Es cierto aquello de que los niños son el futuro, pero también, no es
menos cierto que ese futuro debe ser bien dirigido y adecuadamente supervisado,
tanto por las autoridades, como por los padres, profesores, parientes y vecinos
de éstos; se dice que la ley es para los que están sin ley, de aquí se
deduce claramente que ningún niño que jamás haya delinquido va a ir a parar
ante la barra de un estrado judicial y, en consecuencia, es importante saber
que, otrora, los jueces —que se supone son personas muy estudiadas y, por ende,
con un alto sentido humano— poseían la facultad (íntima convicción le llamaban)
de determinar si un menor había actuado con o sin discernimiento; hoy vemos que
tal potestad —al igual que muchas otras— le ha sido castrada por las leyes.
Según anuncian las autoridades dominicanas, ya los proyectos de reformas
(para ambos códigos) se encuentran en el Congreso Nacional de la República, así
que esperamos que dichos ya denunciados entuertos se corrijan lo más pronto
posible y también que, los señores legisladores nacionales, quienes por ley son
los primeros ciudadanos del país en que habitamos, sigan correctamente el espíritu inspirador de
nuestro Juan Pablo Duarte, cuando en una de sus múltiples enseñanzas nos decía:
Sed justos, lo primero, si queréis
ser felices. Ese es el primer deber del hombre; y sed unidos, así apagaréis la
tea de la discordia y venceréis a vuestros enemigos, y la patria será libre y
salva. Yo obtendré la mayor recompensa, la única a que aspiro, al veros libres,
felices, independientes y tranquilos. No nos dejemos imponer ya más
leyes traída por los cabellos, legislemos, que, aquí, sí que tenemos madera
suficiente para ello.